El café no se «daña» de un día para otro como la leche, pero sí pierde poco a poco lo que lo hace especial: su aroma y sus notas dulces y frutales. Saber cuánto dura te ayuda a comprar la cantidad justa y a disfrutarlo en su mejor momento.
La fecha que importa: la de tueste
El café comercial suele traer una fecha de vencimiento de uno o dos años. Eso solo dice que no te hará daño, no que sepa bien. Lo que realmente indica frescura es la fecha de tueste.
La ventana de consumo
- Primeros días: el grano todavía libera mucho CO₂. Conviene dejarlo reposar; lo explicamos en desgasificación.
- Entre 1 y 4 semanas después del tueste: el momento ideal. Aromas en su punto más alto.
- Hasta unos 3 meses: sigue siendo muy buen café si está en grano y bien cerrado, aunque con menos intensidad.
- Molido: pierde matices más rápido; lo ideal es tomarlo en las primeras 2 o 3 semanas después de abrir.
Los cuatro enemigos del café
- Oxígeno: oxida los aceites y vuelve rancio el sabor.
- Luz: degrada los aceites aromáticos. Por eso no conviene guardarlo en frascos transparentes.
- Humedad: el café absorbe agua y olores. La nevera no es buena idea.
- Calor: acelera todo lo anterior. Lejos de la estufa y del sol.
Cómo te ayuda un buen empaque
Nuestras bolsas tienen barrera contra la luz y el oxígeno, cierre hermético y una válvula unidireccional que deja salir el CO₂ sin dejar entrar aire. Mantén el café en su bolsa original, saca el aire y ciérrala bien después de cada uso.
Antes del tueste también se cuida
La frescura empieza mucho antes. El café verde se guarda en pergamino o en bolsas herméticas para que conserve su humedad estable (entre 10 % y 12 %) hasta el día de tostarlo. Lee más sobre el control de humedad.
Nuestro consejo: pide bolsas que te tomes en menos de un mes y repite. Siempre tendrás café en su punto.